viernes, 14 de marzo de 2008

Eduardo Galeano - Cinco siglos de prohibición del arcoiris en el cielo latinoamericano


El Descubrimiento el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los
reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento,
el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor.
Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran
indios de la India; pero se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve.



El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar (que deprendan fablar). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental (mentally retarded) porque no hablaba correctamente la
lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro
déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.

De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros.
El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.) Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha,
un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.

Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?

Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.

El problema indígena los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos el genocidio o el otrocidio.

En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea se encargará de desaparecerlos.
Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado.
La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.


Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.

La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugiso
comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.

El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.

El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador
-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento.

Y canta lo que le cuenta la neblina
-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío.

Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo
-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo; y él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve. En una entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice Dejo de cantar y me enfermo. Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan. Estoy viejo, estoy lastimado. Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío.

El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado quemar todas las quenas y demas instrumentos de música de los indios, y había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio no pueda continuar ejerciendo sus engaños. Y en 1625, el oidor de la Real Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los demonios.


Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a los indios de sus símbolos de
identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los indios en nombre de Cristo para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos idólatras.
Se usa al Dios de los cristianos como coartada para el saqueo.

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para América
-Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron Cierren los ojos y recen.
Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la ilustración para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas.

América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.

Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del siglo pasado. Una de las universidades
de Bolivia lleva su nombre en nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca. Él había pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la libertad republicana.

El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno, escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de kis indios araucanos por su libertad Son más indómitos, lo que quiere decir animales más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.

El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado moderno. A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches por zapatos.

Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos.

El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y más brazos. Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y peones indios en cantidad.


El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala, donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes oleadas exterminadoras.

En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de exportación. En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que el máximo tolerable; la leche de las madres es la más contaminada del mundo occidental. Rigoberta Menchú su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga, María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón. A machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella sobrevivió para contarlo.

Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de hombres y de mujeres. La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada, cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños.
Los militares guatemaltecos tienen la certeza de que el vivio de la rebelión se transmite por los genes.

Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de orden y progreso,
¿merece mejor suerte La violencia institucional, el terrorismo de Estado, se ocupa de despejar
las dudas. Los conquistadores ya no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la
guerra de Vietnam. Y no tienen piel blanca son mestizos avergonzados de su sangre o indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los suicidan. Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se autodesprecia.

Esta raza inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los matemáticos europeos
supieran que existía. Y habían conocido la edad del universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de nuestro tiempo.

Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo ¿Qué es un hombre en el camino Tiempo?.

Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El tiempo, fundador del espacio,
les parece sagrado, como sagrados son su hija, la tierra, y su hijo, el ser humano como la tierra, como
la gente, el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo posible por sacarlos del error.



Civilización. La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en cualquier otra
parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur.

No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperasde
la conquista española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado Al terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra voz?, la jamás escuchada Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión
demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la vida colonial
¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al trabajo esclavo Porque son holgazanes.

¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara Porque los salvajes no tienen vergüenza.

¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de riqueza Porque son más parientes
del mono que del hombre.

¿Se bañan con sospechosa frecuencia Porque se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en
los fuegos de la Inquisición.

¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres Porque son incapaces de castigo ni doctrina.

¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces Por influencia de Satán o por pura estupidez.

¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer Porque son incapaces de dominar sus instintos.

¿Aman cuando sienten deseo Porque el demonio los induce a repetir el pecado original.

¿Es libre la homosexualidad ¿La virginidad no tiene importancia alguna Porque viven en la antesala del infierno.



En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores
-Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?

El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades?. La América precolombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición.

En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación entera. Allá por el año 1600,
cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno compartido.



En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo
-Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.

Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como debe ser, y
que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como debe ser.

Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de nuestros días siguen
luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen vistiendo sus molas, hechas de muchas
telas de colores que se cruzan con siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza
visten sus molas en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.

En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega aseguró que
Panamá era un país respetuosos de los derechos humanos
-No somos una tribu -aseguró el general.



Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los desiertos en
la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del latifundio privado de
exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas partes.

Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción; pero no menos
absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema que exprime a los hombre y arrasa los
bosques y viola la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menos.
¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado internacional
En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro único destino posible.

Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no han perdido el sentido común.
Sentido común es también, por extensión natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire,
¿por qué ha de tener dueño la tierra Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos
mata cualquier crimen que contra la tierra se comete La tierra es cuna y sepultura, madre y compañera.
Se le ofrece el primer trago y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión.

El sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El racismo es también una máscara del miedo.

¿Qué sabemos de las culturas indígenas?. Lo que nos han contado las películas del Fas West. Y de las culturas
africanas, ¿qué sabemos?. Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.

Dice un poeta del interior de Bahía Primero me robaron del África. Después robaron el África de mi.

La memoria de América ha sido mutilada por el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.



A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome que hoy lleva su nombre.
Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots.

Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios.

Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives, por
naturaleza, al crimen y a la debilidad mental. Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo también desde entonces, objetos de ciencia.

En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres
perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el Brasil ha de
constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico las religiones negras, como patología; los trances, como manifestaciones de histeria.

Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba Los negros no tienen ideas religiosas.

En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.

Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que disfrazarse de santos blancos, para
sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o san Miguel, Shangó, con
todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las agus dulces, fue la Virgen de la Candelaria...

Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas las demás en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y
se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano. Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan. Friedrich Nietzsche dijo una vez
-Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.

Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.



La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda desigualdad social, que es
también racial, encuentra su coartada en las taras hereditarias.Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo así la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la cúspide.
En el Brasil, por ejemplo, la democracia racial consiste en que los más blancos están arriba y los más negros abajo. James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos
-Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad. Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en ellos estamos todavía.



Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma que marcó su infancia
-Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen.

Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la Virgen María que yo
veía en la iglesia de Abra Pampa.

La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.



El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitmente condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica.
Además, el racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de
los siglos de persecución, humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo.
Son factores de historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.



Hace algun tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de descubrir, me dijo
-Es el oprimido el que descubre al opresor.

Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido.

Ignacio Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de profecía.

¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata

(1992)

Eduardo Galeano, Ser como ellos y otros artículos

lunes, 11 de febrero de 2008

¿Adiós al movimiento obrero clasico?


Polémicas " Desde el mortero de Krupp al rayo láser "

Por Eric hobsbawn

¿Adiós al movimiento obrero clásico?



Marxista confeso y convicto aún, el septuagenario historiador inglés Eric Hobsbawn (autor de Las revoluciones burguesas, Bandidos y la reciente Era del Imperio) reflexiona en esta conferencia sobre la crisis mundial de los movimientos obreros y se pregunta si sus victorias de principio de siglo no habrán sido, apenas, un signo de los tiempos.

Cien años después de la fundación de la Segunda Internacional, los partidos socialistas y de trabajadores se encuentran desorientados. A toda hora se preguntan con tristeza por su futuro y es lógico que así sea. Sin embargo, esta incertidumbre no es sólo patrimonio de nosotros, los socialistas.

¿Qué otros partidos, qué otros sectores de la sociedad saben realmente cómo será el futuro? ¿Quién está hoy seguro de algo sí no es musulmán, cristiano o judío fanático? Los irracionales son cada vez más otra vez; la creencia ciega es lo último a lo que uno puede aferrarse en un mundo en que todos han perdido su camino.

¿Se sabe el futuro en los Estados Unidos donde acecha el fantasma de la decadencia económica y política? ¿Se lo conoce en Roma, donde, a pesar de todos sus esfuerzos de aggiornamiento, la Iglesia va quedando de lado en el mundo contemporáneo? ¿Acaso se está tan seguro como hasta hace unos años del porvenir del pueblo judío en Jerusalén, donde el sueño de la propia liberación nacional está muriendo bajo los bastones de los soldados que apalean niños palestinos?

Es obvio que no se lo sabe en Moscú. Que incluso ni se pretende saberlo. Pero lo que está sucediendo en la era de Gorbachov, desarrollos que habían sido declarados a priori imposibles por generaciones de ideólogos de la Guerra Fría prueban que incluso a ellos les ha llegado el fin de las certezas.

¿Y los economistas, esos teólogos de nuestro tiempo, disfrazados de expertos técnicos, conocen acaso el futuro tanto como aseguran? Evidentemente no. ¡Cuán poco se habla ya de ese monetarismo que a comienzos de la década dominaba el pensamiento de los gobiernos conservadores! ¿Cuándo fue la última vez que la señora Thatcher mencionó los nombres de Friedman o Hayek? Sin embargo, sólo han pasado diez años desde sus flamantes premios Nobel.

Si nosotros, los socialistas, nos estrellamos la cabeza contra el futuro, esa tierra para la cual nuestros manuales nos prepararon mal, los otros, como se ve, tampoco tienen manuales muy aplicables.

El socialismo, como todos los movimientos nacidos en los últimos cien años, acarrea una gran cantidad de traumas de origen: ¿Cómo trasladar las certezas de los tiempos del mortero de Krupp a la era de la tecnología láser? En los treinta años posteriores a la Segunda Guerra mundial, el planeta se transformó global, radicalmente, con una velocidad tan sin precedentes que todos sus análisis previos, aunque correctos, debieron ser modificados (y desechados) a veces para atender a la nueva realidad.

Treinta años dorados

Sin embargo, es tentador concebir —y simplificar— esta transformación histórica describiéndola como un “desarrollo económico-tecnológico” o poco más. Pero esta época de expansión, de boom global (no sólo en la economía capitalista sino también, aunque en otro sentido, en las economías socialistas) estos “treinta años dorados” como los describió un comentarista francés, dejaron al mundo en herencia una crisis de larga duración que ya lleva al menos quince años. No creo por lo demás que podamos esperar un nuevo ciclo de larga duración de euforia económica mundial.

En este tiempo de crisis (que, curiosamente, comenzó exactos cien años después de la análoga Gran Depresión de la era Bismarck) las contradicciones internas y externas de la segunda posguerra han ocupado

el centro de la escena mundial. Ha quedado claro cuán frágiles e insostenibles son los viejos análisis y remedios políticos y qué difícil es reemplazarlos por otros nuevos. Por ejemplo: la desindustrialización, el virtual desmonte de la vieja economía industrial, ha emergido por primera vez como un futuro cierto para Europa. Ya no se piensa en una reconversión de las viejas industrias a otras tecnológicamente superiores sino en el total desplazamiento de la industria tradicional desde Occidente hacia las llamadas “nuevas naciones industriales” del Tercer Mundo, como Corea del Sur, que son un fenómeno de esta era de crisis.

El colapso de las viejas ideas y la necesidad de un nuevo pensamiento se nos impone a los socialistas por la misma realidad y por sus efectos en las prácticas políticas. El mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él. Quisiera incluso ir más lejos y decir: nosotros más que nadie debemos cambiar porque como partidos y movimientos populares estamos mucho más atrapados en la Historia.

Hace cien años que nos convertimos muy rápido en movimientos de masas. En 1880 no había partidos socialistas o de trabajadores con apoyo de masas, con la excepción parcial de Alemania. Veinticinco años después se considera tan natural el surgimiento mundial de partidos de masas que se pensaba que los Estados Unidos, donde no habia socialismo, eran una excepción.

Me gustaría marcar cinco puntos acerca de aquellos nacientes movimientos socialistas que hoy parecen tan viejos.

Primero: estaban formados sobre la base de la conciencia de la clase proletaria, por trabajadores manuales y asalariados. Y a pesar de su extraordinaria heterogeneidad aquellos trabajadores que se reunían en los nuevos partidos no formaban pues un grupo particularmente homogéneo. No obstante, lo que tenían en común sobrepasaba de lejos cualquier diferencia, con la sola excepción, a veces pero no siempre, de las diferencias nacionales o religiosas. Sin esta conciencia, los partidos de masas cuyo único programa era en la práctica su nombre, nunca podrían haber surgido. Sin esta conciencia, su interpelación (“Ustedes son trabajadores”) no podría haber sido escuchada. Hoy no es que no exista más una clase trabajadora, sino que aquella conciencia de clase no tiene ya ese poder de unión.

Segundo: más allá del hecho de que tanto su teoría como su práctica fueran confeccionadas específicamente para el proletariado, estos partidos no eran puramente partidos de trabajadores. Probablemente esto no era muy evidente en el altamente proletario partido Socialdemócrata Alemán (SPD) de comienzos de siglo, pero aparece claro en otros países como Finlandia. Dado el nivel de desarrollo de la economía finlandesa de ese tiempo, sólo una insignificante proporción del 47% de los finlandeses que votaron por la socialdemocrcia en las elecciones libres de 1916 pudo haber sido proletaria. Como otros partidos socialdemócratas de principios de siglo, el finés fue un gran partido popular construido alrededor del núcleo proletario.

Tercero: desde un principio, la organización de masas del proletariado como clase consciente pareció estar destinada a la específica ideología del socialismo Por eso, los partidos que se organizaron en la frontera de la lucha de clases aunque sin ideas socialistas fueron vistos ya como formas transnacionales en camino al partido socialista obrero, ya como un fenómeno periférico sin importancia.

Cuarto: el súbito surgimiento de partidos socialistas de masas reforzó la previa certeza de los marxistas de que sólo el proletariado industrial, organizado y consciente de sí como clase, podía actuar como portador del nuevo Estado. A diferencia de lo que ocurrió en vida del propio Marx, el proletariado parecía estar en todos lados y en camino de ser la mayoría de la población. El desarrollo del trabajo intensivo en la economía industrial típica de ese tiempo reforzó la confianza en la democracia, cuyos abanderados venían a ser los socialistas. La pregunta sobre quién iba a traer el socialismo parecía contestarse por sí misma.

Quinto: estos movimientos formaron originalmente fuerzas opositoras puras, que sólo alcanzaron el gobierno luego de la Primera Guerra Mundial. Como fundadores de nuevos sistemas, en el caso de los comunistas o, en el caso de los socialdemócratas, como pilares de un capitalismo reformista. Para los movimientos socialistas ambas alternativas significaron un cambio fundamental en su rol previo.

Romper el cordón

Es evidente que todas estas características fueron producto de un particular momento histórico: todos los partidos socialistas y comunistas importantes, sin excepción, surgieron antes de la Segunda Guerra Mundial y, salvo muy pocas excepciones (Como China, Vietnam o Bengala Occidental) casi todo lo hicieron incluso antes de la Primera Guerra. En la segunda postguerra, en cambio, en docenas de nuevos Estados de un mundo transformado económicamente, emergieron movimientos no comparables a los partidos socialistas de masas. Es más: los nuevos movimientos proletarios de masas comparables hoy por su estructura a aquellos de principios de siglo, han demostrado en sus prácticas políticas e ideológicas ser totalmente diferentes de los partidos socialistas originales. Tal el caso del Partido Travalhista en Brasil y de Solidaridad en Polonia.

El cordón umbilical que alguna vez conectó movimiento obrero y revolución social con el socialismo por ideología ha sido cortado. La más grande revolución en la actual crisis del mundo es la revolución iraní. Es más fácil explicar por qué los partidos obreros europeos emergieron originalmente antes de 1917 y también cómo se extendieron al Tercer Mundo entre las dos guerras mundiales que explicar la no emergencia de tales partidos y su no hegemonía desde entonces. ¿Cómo explicar por ejemplo que un movimiento obrero de masas en la Argentina haya sido posible no sobre bases socialistas sino peronistas? Este caso subraya en forma simple que nuestros clásicos partidos obreros, socialistas o comunistas, nacieron en una época específica que ya ha pasado.

Esto no quiere decir por cierto que estos movimientos hayan dejado de ser viables en sus países de origen. Todo lo contrario. En la parte no socialista de Europa forman ya el gobierno ya el principal partido de oposición en todos los Estados excepto Irlanda y Turquía. En la Europa socialista son esos partidos los que constituyen el sistema. La pregunta: “¿Adiós al clásico movimiento obrero?” no significa que no haya un futuro para el Partido Socialdemócrata alemán, el Laborista inglés o el PSOE español. Significa en cambio preguntarse qué clase de futuro tienen. Nadie puede contar sólo con la continuidad histórica. Ahí está sino el Partido Comunista Francés, que casi desapareció como un efectivo partido de masas: aún los dioses son impotentes ante la estupidez política. Este caso prueba cuán condicional es la lealtad de la gente en estos tiempos.

Conciencia de clase

Porque es la conciencia de clase, la condición sobre la cual nuestros partidos fueron construidos originalmente la que está mostrando la más seria crisis. El problema no es entonces la objetiva desproletarización que provocó la declinación del viejo estilo de trabajo industrial sino la declinación real de la solidaridad de clase. La segmentación de la clase trabajadora. Quisiera mencionar solamente el caso del Partido Laborista británico. El tradicional voto proletario inglés ha caído mucho más que la dimensión del proletariado. En 1987, casi dos tercios de los trabajadores ocupados, el 60% de los miembros de los sindicatos y más de la mitad de los trabajadores desocupados y subocupados votaron por otros partidos y el Partido Laborista reunió solamente el apoyo de más de la mitad de los desempleados. Correlativamente, casi un 50% de los votos conservadores eran de trabajadores. Un cambio similar puede ser detectado en el apoyo al PC francés. ¡Pensar que alguna vez ambos partidos pudieron confiar en la ciega lealtad de clase de sus proletarios!

No hay razón para simplemente llorar esta pérdida de conciencia de clase (aunque, como viejo marxista todavía lo hago) ni refugiarse en las nostálgicas reservas naturales donde el viejo y buen proletariado todavía puede ser hallado en su estado puro.

Por supuesto, es reconfortable que la conciencia de clase también esté derrumbándose en las otras clases. En 1987, por ejemplo, el 40% de las clases superiores británicas votó contra la señora Thatcher y entre los sectores universitarios ese porcentaje llegó a los dos tercios. No obstante, la posibilidad de nuevas alianzas políticas no compensa el hecho de que los trabajadores se estén disolviendo en grupos con intereses divergentes y contradictorios.

Frente a esto los movimientos populares que surgieron históricamente como defensores y representantes de los trabajadores y de los pobres no deben dejar esta función. Esa defensa es hoy más necesaria que nunca.

Por fortuna, nuestros partidos no son puramente partidos de trabajadores y tampoco han perdido su capacidad de formar vastas coaliciones de clases y grupos sociales, ni potencial para convertirse en partidos de gobierno. Hoy no es la conciencia de clase la que une a nuestros partidos sino la existencia de partidos o movimientos nacionales que unen gurpos y clases que de otro modo probablemente se derrumbarían.

Y esto no es poca cosa. Nuestro movimiento, y con él la totalidad de la democracia, está una vez más bajo amenaza. Nos hemos acostumbrado tanto a la democratización —o más bien a la liberalización— del sistema burgués desde 1945 y al hecho de que palabras tales como fascismo y neofascismo han sido vaciadas de contenido que nos parece difícil recordar que, en períodos de crisis como éste, el capitalismo podría volver a apelar a su receta de extrema derecha.


(Traducción: Gabriel Pasquini)

lunes, 21 de enero de 2008

DECLARACIÓN PÚBLICA

DECLARACIÓN PÚBLICA
En presencia de los gravísimos acontecimientos acaecidos últimamente en la Araucanía, que han significado la virtual militarización del territorio histórico del pueblo mapuche, la instauración de un régimen permanente de vigilancia y terror policial y el asesinato del joven estudiante y comunero Matías Catrileo Quezada por miembros del cuerpo de Carabineros de Chile, y ante la indiferencia de las principales autoridades del Estado frente a la huelga de hambre de los prisioneros políticos mapuches, los historiadores e historiadoras abajo firmantes declaramos:
1.- Los hechos mencionados tienen una larga génesis histórica, que arrancó con el proceso de conquista y ocupación militar de la Araucanía por las huestes españolas en el siglo XVI, cuando empezó el proceso de usurpación de las tierras indígenas. Si bien la resistencia mapuche logró contener durante los siglos coloniales y en las primeras décadas republicanas el avance invasor, durante la segunda mitad del siglo XIX, a medida que el Estado nacional chileno se consolidaba, nuevamente la clase dominante fijó sus ojos en esos territorios, desplegando la mal llamada "Pacificación de la Araucanía", que culminó con el despojo violento de las tierras del pueblo mapuche y su confinamiento en reducciones que han perpetuado su pobreza, marginación y discriminación hasta nuestros días.
2.- Desde entonces la lucha de los mapuches por recuperar sus tierras ancestrales no ha cesado aunque se ha manifestado de manera diversa y ha conocido avances y retrocesos según los momentos históricos. Comenzando con la constitución de las primeras organizaciones mapuches (mutualistas y culturales) a comienzos del siglo XX hasta las actuales recuperaciones de tierras, pasando por la participación en partidos políticos, el levantamiento de Ranquil de 1934 (en alianza con campesinos pobres chilenos) y las "corridas de cerco" de los años de la Reforma Agraria, se puede observar una notable continuidad histórica en las demandas de tierra, justicia y libertad de este pueblo.
3.- En los últimos años las reivindicaciones históricas mapuches han sido enfrentadas por el Estado de Chile de manera esencialmente judicial y policial, criminalizando sus luchas y negándose al reconocimiento de su autonomía como pueblo. Esto se ha traducido en una creciente militarización de la Araucanía, la aplicación de la Ley Antiterrorista, heredada de la dictadura militar, y el cerco mediático oficial respecto de la realidad que se vive en ese territorio.
4.- Los principales agentes del Estado, al igual que las autoridades regionales y locales de la Araucanía, los partidos políticos representados en el Parlamento, las organizaciones empresariales y la mayoría de los medios de comunicación social han patrocinado o avalado esta ofensiva represiva contra las comunidades mapuches, guardando un silencio cómplice o deformando groseramente lo que está ocurriendo.
5.- Esta situación requiere un drástico cambio de política del Estado de Chile, que debe asumir un reconocimiento pleno de la diversidad de pueblos originarios existente en nuestro país, lo que implica, entre otros puntos, la autonomía política de las comunidades indígenas, la devolución de sus tierras arbitrariamente usurpadas en base al "derecho de Conquista" y el pleno respeto de los Derechos Humanos de sus integrantes.
Santiago, 10 de enero de 2008.
1
- Sergio Grez Toso, Director Magíster de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS, académico de la Universidad de Chile.
- Igor Goicovic Donoso, académico de la Universidad Santiago de Chile.
- Julio Pinto Vallejos, académico de la Universidad Santiago de Chile.
- Alexis Meza Sánchez, Director de Currículum de la Universidad ARCIS, miembro del Taller de Ciencias Sociales "Luis Vitale".
- Pablo Marimán Quemenado, académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.
- Sebastián Leiva, académico de la Universidad ARCIS.
- Carmen González Martínez, académica de la Universidad de Murcia, España.
- Rolando Álvarez Vallejos, académico Universidad de la ARCIS, investigador del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz.
- Karen Alfaro Monsalve, académica de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.
- Daniel Palma Alvarado, académico de las universidades ARCIS y Alberto Hurtado.
- Patricio Herrera González, académico de la Universidad de Valparaíso.
- Alicia Salomone, académica de la Universidad de Chile.
- Mario Valdés Vera, coordinador Carrera de Historia y Ciencias Sociales Universidad ARCIS, Bío-Bío.
- José Luis Cifuentes Toledo, académico de las universidades ARCIS (Bío-Bío) y Bolivariana de Los Ángeles.
- Gabriel Salazar Vergara, Premio Nacional de Historia, académico de la Universidad de Chile.
- Felipe A. Lagos Rojas, Magíster © en Estudios Latinoamericanos.
- Alex Díaz Villouta, académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.
- Claudia Zapata, académica de la Universidad de Chile.
- Marcos Fernández Labbé, académico de la Universidad Alberto Hurtado.
- José Luis Martínez Cereceda, Director de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.
- Ricardo Vargas Morales, académico de la universidades ARCIS Bío-Bío y Bolivariana sede Los Ángeles..
- Eduardo Cruzat C., académico de la Universidad ARCIS, Bío-Bío.
- Margarita Iglesias Saldaña, Directora de Relaciones Internacionales de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.
- Milton Godoy Orellana, académico de las univesidades de La Serena y Academia de Humanismo Cristiano.
- Fabio Moraga Valle, profesor investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
- Eduardo Godoy Sepúlveda, profesor del profesor del Preuniversitario Popular y Solidario Luis Emilio Recabarren González, Pedro Aguirre Cerda, Santiago.
- Alberto Díaz Araya, académico de la Universidad Bolivariana sede Iquique.
- Pablo Artaza Barrios, académico de la Universidad de Chile.
- Francis Goicovic, académico de la Universidad de Chile.
- Pablo Aravena Núñez, Jefe de Carrera de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de Viña del Mar.
- Nancy Fernández Mella, académica de la Universidad de Talca.
- Mario Garcés Durán, académico de la Universidad de Santiago de Chile, Director de ECO, Educación y Comunicaciones.
- Elisabet Prudant Soto, ayudante de la Escuela de Historia Universidad Diego Portales.
- María Angélica Illanes, académica de la Universidad Austral, Valdivia.
- Pedro Rosas Aravena, Director de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS.
- Simón Castillo Fernández, Magíster © en Historia, Universidad de Chile.
2
- Carlos Vivallos Espinoza, Investigador CONICYT/Fondecyt de la Universidad de Concepción.
- Luis Corvalán Márquez, académico de las universidades de Santiago de Chile (USACH) y de Valparaíso.
- Raúl Núñez Muñoz, académico de la Universidad de Los Lagos.
- Augusto Samaniego, Director del Departamento de Historia Universidad de Santiago de Chile.
- Alberto Harambour Ross, académico de la Universidad ARCIS.
- Jorge Magasich, académico del Institut des Hautes Études des Communications Sociales, Bruselas, Bélgica.
- Carlos Ruiz Rodríguez, académico de la Universidad de Santiago de Chile.
- Jaime Insunza Becker, Vice-rector Académico de la Universidad ARCIS.
- Carlos Sandoval Ambiado, académico de las universidades Bolivariana y del Mar.
- Juan Carlos Gómez Leyton, Director del Doctorado en Procesos Sociales y Políticos en América Latina de la Universidad ARCIS.
- Beatriz Areyuna Ibarra, Jefa de la Carrera de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
- Hernán Venegas Valdebenito, académico de la Universidad de Santiago.
- Manuel Fernández Gaete, Director Sede Los Ángeles de la Universidad Bolivariana.
- Leonardo León Solís, académico de la Universidad de Chile.
- Miguel Rojas-Mix, Doctor honoris causa de la Universidad de Santiago de Chile y de otras universidades de América y Europa.
- Jorge Rivas Medina, Magíster © en Historia de la Universidad de Santiago de Chile.
- Pedro Canales Tapia, académico de la Universidad Pedro de Valdivia, La Serena.
- Marcela Cubillos Poblete, Directora de la Escuela de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad de La Serena.
- María Valeria Frindt Carretón, profesora de Historia del Arte e Historia del Diseño.
- Leonardo Mazzei de Grazia, académico de la Universidad de Concepción.
- Claudio Robles Ortiz, académico de la Universidad de Concepción.
- Iván Ljubetic, investigador del Centro de Extensión Luis Emilio Recabarren.
- Alejandra Brito Peña, académica Universidad de Concepción.
- Claudio Pérez, académico Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles.
- Luis Jara Urrea, profesor de Historia y Geografía, Secretario CUT provincial Concepción.
- Juan Guillermo Muñoz Correa, académico de la Universidad de Santiago de Chile.
- Pedro Bravo Elizondo, académico de la Wichita State University, Estados Unidos.
- Cristián Castro, doctorando en Historia de la Universidad de California, Estados Unidos.
- Luis Alegría Licuime, académico de las universidades ARCIS y Academia de Humanismo Cristiano.
- Rogelio Alegría Herrera, académico de la Universidad Bolivariana, sede Los Ángeles.
- Carolina Andaur Marín, Doctoranda en Historia, El Colegio de México.
- Nelson Castro Flores, académico de la Universidad de Valparaíso.
- Enrique Fernández Darraz, historiador y Doctor en Sociología por el Instituto de Sociología de la Universidad Libre de Berlín.
- Patrick Puigmail, académico de la Universidad de Los Lagos, Osorno.
Jorge Benítez, Coordinador Académico de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad ARCIS.
José del Pozo, académico de la Université de Québec, Montreal, Canadá.
3

lunes, 17 de diciembre de 2007

Ensayo Histórico





Te afrentas, te afrentas, alma mía! Y ya no tendrás ocasión de honrarte.
¡Breve es la vida para cada uno! Tú, prácticamente, la has consumido
sin respetar el alma que te pertenece, y, sin embargo, haces depender
tu buena fortuna del alma de otros.


Marco Aurelio, meditaciones, libro II.



La cruda realidad de los estratos populares en México y, su afán por conseguir mayor igualdad y bienestar social

X ABNER ADAROS M*

Este ensayo tiene por objetivo explicar a modo de referencia el estallido de la revolución Mexicana de 1910, producto de la arbitraria y subjetiva administración del gobierno de don Porfirio Díaz Mori.

¿Qué factores permitieron desencadenar un alzamiento masivo de los grupos populares en Contra del sistema dirigente oligárquico y que a la postre va a significar la caída del Porfiriato de México?

La permanencia durante mas de cuatro décadas en el poder, sumado al modo despótico de gobernar, la estatización y confiscación de tierras pertenecientes al bajo estrato social, seguido de la desigualdad económica entre las diferentes matices sociales, unida a la entrada de mercados Estadounidenses ante la explotación de yacimientos petroleros Mexicanos.

Cuando don Porfirio Díaz decidió quedarse en el poder sería por un largo lapso de tiempo, pero, no sería hasta 1910, año en que los grupos medio – bajos socialmente hablando decidieron deponerlo del poder mediante un alzamiento por medio de las armas, hecho, que ha sido denominado como revolución Mexicana de 1910. Hubo de parte del protagonista grandes contradicciones que poco a poco irían generando el descontento general, tanto en las clases sociales de mediana importancia como en aquellas que respondían a las más paupérrimas condiciones de vida (campesinos, pequeños mineros, agricultores y por supuesto los grupos indígenas).

Era evidente que el gobierno de Porfirio Díaz respondía lentamente durante las postrimerías del siglo XIX a una dictadura, sellándose en una tiranía de gran magnitud y del uso de la fuerza y la violencia despótica del mandatario. Sin embargo el hombre es claramente de línea conservadora e impone el lema del progreso económico y político, carácter propio del liberalismo y el positivismo, escuelas historiográficas decimonónicas que tienen su origen en la Europa del siglo XIX, sin embargo el positivismo va a generar un gran impacto político y, socioeconómico en América latina.

Progreso y bienestar en cuanto al objetivo tal del estado positivo o positivismo, término acuñado por August Comte, máximo exponente de ésta escuela. No obstante, el “progreso” es solamente para la oligarquía Mexicana. Tulio Halperin en “Historia Contemporánea de América Latina” plantea lo siguiente: Pero su conservadurismo no es sino la otra cosa de su progresismo: el avance de los ferrocarriles y cultivos va acompañado de otro mas rápido, el de la gran propiedad y viejos y nuevos terratenientes, que avanza sobre tierras de comunidades indígenas y campos despoblados y es beneficiaria principal del sometimiento del territorio antes en manos de indios de guerra[1].

Antes de que la chispa encendiera la mecha que detonaría el estallido de la revolución en contra del poder oligárquico, los manifestantes que reclamaban y exigían mayor igualdad eran reducidos tenazmente por la policía y, el gobierno de Díaz, autoritario, conservador pero, sobre todo con mano de hierro demandaba sin mayor rodeo a sobreponerse a las rebeliones utilizando las fuerzas con que éste contaba, dando paso a escarmientos y vejámenes que irían colmando la ira y el furor de los manifestantes.


Torcuato Ditella en su obra: “Partidos Políticos Latinoamericanos” plantea: (…) en 1907 y 1908, se sumó la agitación laboral en los centros textiles del estado de Veracruz, enclavados en la pequeña localidad de Orizaba, dando lugar a una famosa huelga en la fábrica de Río Blanco, severamente reprimida[2].

Por otra parte está el tema de usurpación de propiedad ilegítima de tierras pertenecientes a campesinos del sector sur de México. Porfirio Díaz mediante la utilización de la violencia y el modo déspota de gobernar comenzó lentamente a hacerse con el control de las tierras que evidentemente no les pertenecía. Es aquí donde aparece la figura de Francisco Ignacio Madero un hacendado del norte que aprovecha ésta oportunidad para levantarse con miras a obtener el poder, acto que es reprimido por Porfirio Díaz instantáneamente. No obstante Francisco Madero va a insistir y poco a poco va a ir ganando popularidad ante las exigencias de éste con respecto a la no estatización de las tierras del grupo campesino que han sido ocupadas y aglutinadas al poderío oligárquico a la cabeza de Díaz. No empero la devolución completa de tierras no se va a cumplir y el grupo del campesinado deberá esperar. Halperin plantea que: (…) en el plan de San Luis de Potosí, que lanza la revolución Maderista, se reclama el retorno de las tierras de las que los campesinos han sido ilegalmente despojados. Se trata aún de una reivindicación muy limitada, ya que propone rectificar abusos antes que modificar las bases jurídicas del régimen de la tierra[3].

Se ha hablado bastante acerca de la calidad de vida de los estratos sociales bajos en Latinoamérica, pues bien, es así y el caso Mexicano no es la excepción. Por supuesto que las crisis económicas que se originarían a raíz de las constantes guerras territoriales contra los Estados Unidos de Norteamérica irían incidiendo a futuro de manera crítica. Si de partida se evidenciaban enormes brechas económicas entre la mayoría con respecto a los mas pocos, vale decir el bajo pueblo a diferencia de la oligarquía; era fundamentalmente un problema originado por la pérdida y la estatización de tierras. Marcello Carmagnani plantea lo siguiente: Así, en México, el 1 por 100 de la población posee, en 1910, el 85 por 100 de las tierras cultivables[4].

Antes de que Porfirio Díaz asumiera el mando, el capital Ingles y norteamericano habían sentado bases económicas tremendamente sustentables que con plena libertad explotaban los recursos naturales en su mayoría mineros. Aquí es necesario detenerse un momento y examinar el tema de la explotación Estadounidense de petróleo crudo, recurso legítimamente Mexicano que fue entregado por don Porfirio Díaz. En relación a esto Tulio Halperin postula lo siguiente: (…) Wilson buscó sin éxito apoyo a sus planes en la ascendente revolución constitucionalista; finalmente, a partir de algunos incidentes entre fuerzas Huertistas y otras norteamericanas que guardaban el área petrolífera de Tampico, dispuso a comienzos de 1914 la ocupación de Veracruz[5].

Para finalizar quisiera refutar a modo categórico mi hipótesis planteada al comienzo de éste ensayo, de manera que queda evidenciado que el descontento popular que desembocó irremediablemente en una revolución fue en gran parte promovida por el caudillismo que se fue gestando a medida qua avanzaba dicho proceso, y es a raíz de eso que el pueblo fue tomando fuerza de la mano de caudillos como Francisco (Pancho) Villa, Emiliano Zapata, Victoriano Huerta, Gral. Félix Díaz, entre otros. El caso es, fundamentalmente, que la revolución fue promovida en su mayoría por el grupo dirigente oligárquico, de ahí que debe sustentarse la idea central del tema, de que los grupos populares fueron meramente marionetas, que se encontraron todo el tiempo a la merced de lo que disponían la oligarquía y los capitales extranjeros (Estadounidenses e Ingleses); no obstante no debe subestimarse bajo ninguna circunstancia el aporte entregado por el pueblo durante el desarrollo de la revolución Mexicana, puesto que los grupos populares eran los que constituían el grueso de la revolución.

Así de ésta manera, el estallido revolucionario va a conllevar serias repercusiones en toda Latinoamérica, suceso por el cual los grupos oligárquicos van a comenzar a ceder terreno y ser presas de insurgencias ante la presión de los grupos populares. Finalmente la revolución Mexicana será el icono de las próximas cuarteladas que irán surgiendo ante el avance de los grupos obreros y proletariados que pondrán término al bastión predominante.



























Nombre: Abner Adaros M.
Profesor: Pedro Canales T.
Cátedra: Historia de América y Chile Contemporáneos.
Carrera: Pedagogía en Historia y Geografía.
* Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía Universidad Pedro de Valdivia
[1] Halperin, Tulio. “Historia Contemporánea de América Latina”. Edit. Universitaria. Stgo.2004
[2] Ditella, Torcuato. “Partidos Políticos Latinoamericanos”. Edit. FCE. México.2003.
[3] Halperin, Tulio. “Historia Contemporánea de América Latina”. Edit. Universitaria. Stgo. 2004
[4] Carmagnani, Marcello. “Estado Y Sociedad en América Latina”. Edit. Crítica. Barcelona, España. 1984
[5] Halperin, Tulio. “Historia Contemporánea de América Latina”. Edit. Universitaria. Stgo. 2004

martes, 13 de noviembre de 2007

JORNADA DE HISTORIA "Dr LUIS CARREÑO SILVA" UPLA - VALPARAISO 4º AÑO



X ABNER ADAROS M

MARTES 28 DE AGOSTO: “MATANZA EN LA ESCUELA SANTA MARIA DE IQUIQUE”

* MESA DE DISCUSIÓN: JULIO PINTO VALLEJOS, UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE CHILE, IGOR GOICOVIC, UNIVERSIDAD DE SANTIGO DE CHILE, PEDRO CANALES, UPV.


“……………. Silva Renard el valiente, con tal forma de energía hacia la carnicería más horrible de la gente, el entrañas de serpiente ¿yo no se con que esperanza sobre aquel pueblo se lanza matándolos sin honor? y la lluvia con dolor nada a la horrible matanza”.

Juan Bautista Peralta
Destacado editor de línea Popular

_ Introducción moderador; Profesor Jorge Rivas Medina:

Tanto este partidismo político de la época, el partido demócrata, hasta el tema social de la línea popular en las letras de Bautista Peralta, la huelga de hambre, la matanza horrible o sencillamente Santa María se ha ido perfilando en las páginas de la Historia, SIN RETENCIONES. Desde la defensa de tesis de Fernando Ortiz Letelier en 1956, hasta la cantata de los “Quilas”, desde el encuentro organizado por Sergio Gonzáles el año 1997 para conmemorar los noventa años del dolor nortino, hasta la investigación sobre Ramón Ramón efectuada por el señor Goicovic. Mucha agua ha corrido bajo el puente y la escuela de Iquique sigue reconstruyéndose en nuestra memoria y resignificándose en nuestros escritos y serán cortos cien años. Una buena excusa para sentarnos a elaborar este viejo ejercicio humano que quisieron llevar a la práctica los cientos, los miles de trabajadores asesinados en 1907.

Conversar, dialogar… para eso hemos convocado a una mesa de conversación, discusión idealmente pero, ojala en forma natural. Abordar el tema de la clase única vendría siendo a veces un poco una patología y creo que eso no es factible, no es necesario sobre todo para alumnos que están en Universidad y también en liceo expongan clases especialistas de éste tema, creo que también, lo que se hecha mucho de menos en este tipo de jornadas en general es la conversación, el diálogo, el cambio de posturas y, de alguna manera el intercambio de las investigaciones que se realizan.

Hoy día a la hora de almuerzo se produjo una muy agradable y simpática conversación entre el señor Sergio Gonzáles y el señor Sergio Grez, habría sido muy bueno que algunos alumnos de enseñanza media y Universidad hubiesen escuchado esta incipiente discusión, conversación. Para eso está una persona muy reconocida por nosotros y por lo menos yo recuerdo mi generación de estudiante Universitario quedamos marcados por una clase del año 92’ en la Quinta Normal, en donde un profesor contra todas las expectativas que uno tenía de la formalidad y de la impersonalidad de los profesores y docentes Universitarios se acercó a conversar con nosotros sobre temas no solo de Historia sino que también de nuestras vidas, es don Julio Pinto. Doctor, Magíster y Licenciado por la Universidad de Yale, trabaja hace muchos años en la Universidad de Santiago, además profesor de la Universidad de Chile, Profesor de la Universidad Católica, coordinador y director del departamento de de la Universidad de Santiago, recientemente elaboró un trabajo sobre izquierdas y derechas, además de realizar un trabajo sobre nacionalismos durante el siglo XIX.

Nos acompaña en ésta mesa y no de menor importancia otro destacado Historiador el señor Igor Goicovic, quien es Doctor por la Universidad de URSIA, Magíster en la Universidad de Santiago se ha desempeñado en distintas Universidades a lo largo del país, docente de la Universidad Arcis, Coordinador y Magíster de la Universidad de Santiago. Licenciado de la generación que yo hace un momento citaba en la cual el profesor Pinto nos encomió desarrollar la Historia y Geografía en aquella acomodable jornada en la Quinta Normal, estudio su Magíster en la Universidad de la Frontera, después igualmente desarrolla doctorado en la Universidad Arcis, profesor de las Universidades del Mar y Pedro de Valdivia en La Serena, el profesor Pedro Canales.

La idea es, rondar una serie de preguntas sobre diversos temas que, ya entre la exposición del profesor Gonzáles y la exposición del profesor Altazar seguramente se han comenzado a gestar en algunos de ustedes algunas preguntas y dependiendo del tiempo no se extiendan demasiado, haremos las respuestas.

La primera pregunta es común, es para los tres y, que parte de una obviedad ¿por qué hablar de Santa María, en que componente sacrificial del sujeto popular como lo ha llamado el profesor Grez es mas importante que los triunfos de la clase trabajadora o de los grupos populares?, en definitiva la pregunta es, ¿por qué conmemorar una derrota? El orden que le hemos dado a la mesa es: don Julio Pinto, don Igor Goicovic y el profesor Canales.

_ Profesor e Historiador, don Julio Pinto Vallejos:

Bueno, agradezco primeramente la invitación a esta jornada de la cual soy partícipe, lo cual es para mí todo un privilegio que gratifico y los felicito por seguir manteniendo con vida ésta valiosa iniciativa que son las jornadas en terreno. En el fondo espero que aquella recordada clase en los pastos de la Quinta Normal, seguramente a estas alturas de la vida no las pudiera hacer, porque ya la salud no acompaña, como cuando tenía quince años menos, estos dos jóvenes (Profesor Pedro Canales y el Profesor Jorge Rivas Medina) eran alumnos recién salidos de la enseñanza media con muchas ansias de saber, me temo que las generaciones mas recientes no tienen esos mismos recuerdos y, por lo visto a Jorge Rivas aquello lo ha marcado profundamente, dicho eso voy a la pregunta.

En el espíritu de la mesa voy a responder de una manera un poco provocadora y especulativa, no obstante, la idea es “avivar un poco la cueca”. Tengo la sensación y aquí me podrá corregir mi amigo Sergio Gonzáles de que Santa María, la matanza de la escuela Santa María no siempre tuvo el grado de impacto y, de conmoción que tiene para nosotros y que ha tenido durante las últimas dos o tres décadas. Me da la sensación de que en las décadas siguientes a la matanza, sobre todo del 20’ en adelante no era un tema que se recordara tanto como ahora y yo recuerdo que durante mi propia infancia y adolescencia, hace muchos años ya durante los años 60’ hasta que apareció la cantata, y aquí yo aseveraría a modo de provocación que fue la propia cantata la que volvió con esto en el tapete de la memoria Histórica Chilena del recuerdo de Santa María de Iquique y lo hizo en un momento que por lo demás fue dramático y que le daba mucha actualidad.

En lo que respecta a mi propia experiencia yo puedo afirmar con mucha certeza, de que cuando salió la cantata a mi me impresionó mucho en parte por su calidad poética y musical, pero en parte también porque me presentaba delante de los ojos un hecho de la Historia de Chile que yo desconocía totalmente y, que repito, el ambiente que se respiraba en aquellos años era muy fuerte, es decir, aquí ha corrido sangre y yo que en ese tiempo como joven de diecisiete dieciocho años desconocía aquello y, después del 11 de Septiembre de 1973 esa actualidad se hizo aun mas golpeadora, mas patente, sobre todo la ultima parte que dice estamos cantando para que esto no se vuelva a repetir, después del 11 de Septiembre del 73’ era un hecho muy doloroso, entonces creo que este simbolismo que expidió la matanza de la escuela Santa María tiene mucho que ver con el sentido de la memoria mas que con el hecho mismo de quienes estamos en esta dinámica entre la memoria, la Historia que además es fascinante.

Como un hecho Histórico que ocurrió y lo terrible que fue adquiere ciertas significaciones por lo cual es recordado, me parece muy interesante y además muy hasta cierto punto alentador, que hoy en día a cien años de la matanza recordemos mucho mas que los hechos, que los analicemos a fondo, que la presencia masiva de ustedes acá, el hecho de que esta jornada se haya dedicado específicamente a este suceso y, digamos la proliferación de actividades académicas, sociales, artísticas volcadas hacia el Centenario de Santa María de Iquique nos habla del impacto que provoca en el Chile de hoy este fenómeno y, eso en los momentos de relativa apatía podríamos decir a mi me parece un elemento muy esperanzador muy alentador, aunque sean los recuerdos de una derrota.

_ Profesor e Historiador, don Igor Goicovic:

Con el complejo de hacerse cargo de las derrotas, habrá que reflexionar lo leído que, por lo demás en cierta forma a lo menos desde 1973 en adelante la derrota ha sido casi una constante, desde la perspectiva del desarrollo del movimiento popular y de los problemas sociales. En consecuencia constituye una reflexión imprescindible, ­­­­­­-pero previo a ello al igual que Julio, quiero agradecer en particular Jorge- la invitación a la jornada Luis Carreño Silva, tengo el agrado de estar acá, me siento tremendamente agradecido de tener la oportunidad de abrir éstos temas tanto con los miembros del panel, como así también con los estudiantes presentes.

Yo creo que acá hay básicamente dos cuestiones de las que me gustaría hacerme cargo terminalmente, que tienen directa relación con la interpelación que nos plantea Jorge, de que efectivamente existe al interior de la cultura popular y particularmente de la cultura popular de la izquierda, una suerte de reivindicación de martirologio, algo que efectivamente denomina la intención sacrificial al interior del movimiento populista, hay una suerte de ageografía que acompaña también la lectura de los personajes Históricos y la reivindicación de los héroes populares que están directamente asociadas al como éstos entran en condición de holocausto y como a partir de sus sacrificios se redimen ante el mundo popular. Quizás la imagen mas fuerte o mas potente que en este sentido se he ido articulando el la temática sacrificial es probablemente la figura de Salvador Allende, situado en la contingencia Histórica científica y sin haber hecho del discurso de la violencia un elemento permanente en su actividad política termina recurriendo a las armas para entrar a la posteridad del holocausto de su sacrificio contra las fuerzas avasalladoras antagónicas. Allende en ese sentido seria la expresión culmine del desarrollo de esta cultura sacrificial, es aquello lo que lleva a una expresión mas avanzada, las coherente, mas consecuente dicho de otra manera.

Por otra parte con respecto a la línea popular que anteriormente planteaba Julio Pinto al comienzo que estaba contenido incluso en la línea popular y es reiterativo ya que no solo esta presente en la cantata de Santa María de Iquique, sino que en múltiples expresiones literarias y que es aquella analogía entre los asesinados, los muertos caídos, en este caso una matanza obrera con una sangre que se derrama sobre un terreno, mundo popular, las masas organizadas, tiene que ir a germinar en semilla de redención, vale decir, la muerte del mundo popular se rebela posteriormente y que toma fuerza a partir del holocausto. Creo que además en eso, en esa forma de representación de estos fenómenos hay también una construcción política, una construcción discursiva que expurga la revancha, expurga la violencia, como un elemento de reacción frente a la violencia represiva desatada por el estado, es decir coincide este discurso que apela a lo sacrificial como una expresión de la política que reniega del uso de la violencia como un instrumento y que tiene una coherencia por lo tanto en el desarrollo de esta lectura que apunta a reivindicar el sacrificio y la muerte por sobre la lucha y el pensamiento, la revancha.

Ahora bien, el rescate de la memoria en el plano de los hechos, que en este caso en particular demanda la historiografía formular nuevas interrogantes de los mismos acontecimientos, la historiografía interpela a los acontecimientos del pasado para plantearse nuevas interrogantes que respondan a nuevas inquietudes surgidas en este tiempo, de tal manera que no tan solamente acudamos a los hechos de Santa María, tratando de recomponer, reconstrurir o redituar la memoria que tenemos sobre aquellos acontecimientos, sino que también para tratar de entender desde nuestro presente los problemas Históricos acaecidos. Dicho eso además la memoria nos lleva, nos conduce a una reflexión sobre los sentidos, es decir ¿para que recordamos?, no solamente plantearse porque conmemorar la derrota, sino cual es el sentido de rememorar, de reactualizar de volver a formularse preguntas e interrogantes respecto de esta temática. Y yo creo que lo que acá esta en discusión es el problema de los aprendizajes y aquí separo de los aprendizajes estrictamente académicos y voy a los aprendizajes políticos.

Recuperar la memoria Histórica sobre Santa María de Iquique, apelar a los sentidos de la memoria sobre este holocausto sobre esta matanza que provoca poner en discusión las formas de ver que el pueblo sea así mismo ante las atrocidades de la represión es un elemento permanente del devenir de los movimientos populares en Chile durante los siglos XIX Y XX. Creo que aquí esta el gran aprendizaje Histórico y en cierta forma el sentido especifico de recuperar la memoria Histórica sobre Santa María de Iquique.

_ Profesor Magíster, don Pedro Canales T:

Muy buenas tardes gracias a los profesores y estudiantes en general por su invitación, recuerdo esta jornada, yo estuve hace doce años atrás con un grupo de compañeros de la Universidad en aquella jornada. Con respecto a la temática es necesario antes de introducirse de lleno en el tema reflexionar, criticar, indagar, analizar. Quiero comenzar a explicar mis planteamientos comenzando por saludarlos (en Mapudungun), yo no soy mapuche y lo hago porque quiero explicar en base a la pregunta que el profesor Rivas ha expuesto, los años que he trabajado como profesor de Historia y en cierta manera como investigador, me defino como profesor rural, estudié en la Usach, recuerdo haber participado de aquellas actividades de la Quinta Normal y otras mas me fui al sur y allá trabaje el tema que mas me interesaba que era sobre la Historia indígena, movimiento mapuche. En ese sentido yo lo que viví en la vida va a estar marcado fuertemente por lo que yo he desarrollado durante todos estos años, mi tesis de grado, tesis de maestría y actualmente realizo estudios de doctorado en la Universidad Arcis.

Acerca de la pregunta, del tema del fracaso porque conmemorarla. Creo yo que una de las grandes explicaciones que uno podría comenzar a escarbar es el hecho del comportamiento de la forma como el estado Chileno se ha involucrado y ha construido verdad relación de participación. Fundamentalmente en el extremo norte el pampino como decía hoy el profesor Gonzáles y con el mundo mapuche fundamentalmente con lo que tiene con su frontera, en ambos casos se ha utilizado la fuerza la violencia, la coerción, son temas gravitantes. Hacia 1907 el tema de la cuestión mapuche así como el tema de la cuestión social fueron temas relevantes que de una u otra forma fueron dando cuenta de proyectos políticos y proyectos económico-sociales, destacar que era una época de auge, de gran actividad económica y en ese sentido el estado Chileno desarrollo sus expansiones junto con el capital.

La declaración de independencia generó la posibilidad de seguir desarrollándose, seguir expandiéndose, seguir consolidándose y, eso provoca que hoy se entienda de modo que la derrota fue consecuencia de la sociedad que se construyó en aquella época.

Recordar conmemorar una derrota tiene que ver fundamentalmente con revisarnos nosotros y, a partir de eso tener claro el rol que la violencia ha tenido y junto con la violencia el rol que ha jugado el fascismo en nuestra Historia, que actualmente “nos ha ido bien como país” entendido como un triunfo, muchas gracias.
* Primera ronda ponencia de la jornada de Historia, Universidad de Playa ancha (Valparaíso), agosto de 2007.

jueves, 8 de noviembre de 2007

La Historia del Debate


Por Mauricio Bertero


A propósito de una invitación que he recibido para participar como panelista el próximo 9 de noviembre en un Seminario-Cine sobre el tema "La emergencia de un nuevo paradigma", traigo a colación este tema.
La actividad es organizada por el Instituto Profesional de Chile en el Auditorio de la Cámara Chilena de la Construcción, en La Serena, donde compartiré la mesa con el Dr. Carlos Calvo - director de mi programa de Doctorado en la Universidad de La Serena -; la psicóloga María Teresa Pozzoli de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano; y el periodista Alejandro Abufom, director de la revista Nueva Mirada.
Aunque mi participación estará enfocada al tema de las organizaciones, no puedo sustraerme a mi formación profesional de base en Historia y Geografía, la cual, sin duda, también tiñe mis interpretaciones.
Al igual que todo el mundo del saber, la historia hoy navega también por aguas tormentosas. Pese al creciente interés de muchos jóvenes por estos estudios en Chile, la pródiga producción de nuevas obras y el creciente interés de los medios masivos por estos temas, hay de fondo una crisis en las bases de esta disciplina. La historia también atraviesa por su crisis paradigmática.
La llamada ciencia moderna resquebrajó los que parecían sólidos cimientos de la interpretación tradicional, cartesiana, lineal y positivista del pasado del ser humano. Y esos cuestionamientos han alcanzado a la historia como disciplina. Sin embargo, en esta crisis hay una vitalidad que pese a la confusión actual abre nuevos horizontes con nuevas interpretaciones.
Un número creciente de personas está ávido de comprensión, de entender el sentido de sus vidas y de la sociedad que hemos construido. En parte, esas respuestas pueden ser respondidas por la historia. Pero la gran diferencia con el pasado es que hoy se abre paso la idea que no existe la objetividad histórica, sino que vivimos en mundos interpretativos; que el sujeto no está separado del objeto que intenta explicar; que la ilusión de describir fielmente una "realidad objetiva" y acceder a la Verdad no es más que eso, una ilusión; y que no obstante todo lo anterior, no todas las interpretaciones son iguales, sino que algunas pueden ser fundadas y validadas en un consenso social o disciplinario.

Lo Nuevo
En España, existe desde la década de los '90 una red denominada Historia a Debate con la que suscribo plenamente en sus afanes por abrir caminos a esta disciplina, a través de nuevas vías de exploración que no sólo se circunscriben a los reductos especializados de la academia.
Carlos Barros, un destacado catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, es quien coordina esta red.
En la siguiente entrevista publicada por la revista cultural Miriades el Dr. Barros nos da pistas para entender el proceso que vive la historia como campo de estudio:

¿Por qué existe la necesidad de construir un pasado? La historia es una rama irrenunciable del saber, fruto de la modernidad, el racionalismo y la ilustración, de ahí los ataques del posmodernismo radical, sin demasiado éxito, al menos en Europa. La historia es una necesidad perenne de las sociedades y civilizaciones humanas para saber de dónde venimos y adónde vamos, o a dónde nos quieren llevar. Hoy más que ayer, sin pasado no hay futuro, vivimos un tiempo histórico muy acelerado.

¿Cuál es la misión del historiador?
Investigar el pasado desde el presente con rigor y profesionalidad, es lo que nos distingue de otros interesados y cultivadores de la historia. Con todo, en Historia a Debate (HaD) no reivindicamos un monopolio corporativo sobre la historia y su escritura, es muy bueno para el presente y el futuro de la historia como oficio que otros investigadores, profesionales y escritores, políticos, sociedad civil e instituciones, media y editoriales, se interesen por la escritura de la historia, y traten incluso de utilizar ­en el mejor y peor sentido- la historia según sus intereses (también los historiadores tenemos los nuestros, individual y colectivamente), influyendo sobre su escritura, divulgación y enseñanza. No concibo mejor futuro para la historia como disciplina que una historia socialmente útil, con lo que implica de aceptación de la pluralidad de enfoques e interpretaciones.

¿Está la historia en crisis? ¿Hay una crisis entre las actuales corrientes históricas?
Pienso que “crisis” en el sentido de decadencia ya no, desde mediados de los años 90 estamos, internacionalmente hablando, en la fase subsiguiente de la “crisis” como mutación o cambio de paradigmas. Hemos evolucionado de la “crisis” de las “grandes escuelas” historiográficas del siglo XX a la emergencia, más o menos organizada y consciente, de diversas alternativas a los problemas epistemológicos y sociales de la escritura de la historia en el siglo XXI.

Si la hay, ¿Tiene alguna responsabilidad la comunidad de historiadores?
Existe una responsabilidad de la comunidad de historiadores en la “crisis” de las nuevas historias de los años 70 pero es mayor la responsabilidad presente a fin de salir de la “crisis” de manera positiva, asumiendo la “crisis” del marxismo, Annales, estructuralismo y economicismo, sabiendo que “si cambia la historia, cambia la historiografía”, aprovechando, en suma, la oportunidad colectiva que entrañan estos periodos de “ciencia extraordinaria”, algo difícil siempre para que quien entienda la profesión de forma exclusivamente individual. La recuperación de la dimensión comunitaria de nuestro oficio está relacionada asimismo con nuestra capacidad para acompasar ­cuanto menos- la historia que se escribe con la historia que se vive, sujeta a un cambio inacabado desde la caída del muro de Berlín. La responsabilidad del historiador colectivo entraña no hacer tabla rasa con las vanguardias historiográficas del siglo pasado, con fugas “hacia atrás” como la “historia tal como fue” de Ranke y los próceres como grandes protagonistas de la historia, o “hacia delante” como la devolución posmoderna de la historia al seno de la literatura, lo todavía nos retrotrae más atrás.

¿Cuál es el paradigma actual que rige en la historia?
Habría que decirlo en plural, entendida la palabra “paradigma” a la manera kuhniana como “conjunto de valores y creencias que comparten una comunidad de especialistas”. Vivimos un tiempo de rivalidad de paradigmas, un paréntesis -en teoría- entre dos periodos de “ciencia normal”. En el preámbulo del Manifiesto historiográfico de HaD identificamos en el ámbito internacional (euroamericano, en realidad) cuatro tendencias historiográficas actuales, más o menos latentes: 1) los partidarios del retorno a la “vieja historia”, expresado en el auge de la biografía, el regreso de la “historia se hace con documentos”, etc.; 2) los partidarios de continuar, sin modificaciones sustanciales, con los temas y enfoques historiográficos de los años 60 y 70; 3) los partidarios de una “historia posmoderna” de tipo metodológico anarquista (Feyerabend), filosófico (opuesta a la idea de progreso) y/o epistemológico (la realidad es el discurso, constructivismo extremo); 4) los partidarios de un nuevo paradigma por la vía de una síntesis, critica y autocrítica, que responda a las necesidades historiográficas del siglo XXI en construcción. HaD es tal vez la parte internacionalmente mejor organizada de esta cuarta opción historiográfica, diferenciándose del resto de alternativas en la apuesta por mantener el debate, hacía dentro y hacia fuera, como un elemento permanente de nuevo consenso que propugnamos.

¿Conviene una historia de hechos o de procesos? ¿De profesionales o divulgadores?
Vale, es como cuando de niños nos preguntaban, ¿a quien quieres más a papá o a mamá?, y solíamos responder: a los dos. Una de las claves de nuevo paradigma que proponemos es, dejando atrás el cartesianismo, pensar con dos ideas a la vez, por lo menos, algo que aprendimos de la vieja dialéctica y después olvidamos por mor del determinismo, el economicismo, el objetivismo y el estructuralismo. Por tanto, hechos y procesos, economía y política, sociedad y mentalidad…, son, o deberían ser, inseparables en nuestra investigación. Al igual que el objeto y el sujeto en los procesos de conocimiento histórico y no histórico. Respecto a la segunda parte de la pregunta, mi opinión es que el profesional de la historia debe ser más divulgador, y el divulgador aficionado más profesional. HaD como “comunidad historiográfica de nuevo tipo” trata de incluir a historiadores no profesionales, otros académicos interesados por la historia, profesores de secundaria y estudiantes avanzados en sus debates, reflexiones y trabajos.

¿Qué es la "verdad" histórica?
La verdad histórica es el resultado de la interacción del historiador con su objeto. La creencia en que, gracias a un “método científico” accedemos a una verdad exacta, perfecta, definitiva y neutra, no es más que un mito positivista de connotaciones más religiosas que científicas, si nos atenemos al concepto actual de ciencia. Hay mucho de religioso en el sentido (moderno) de lo absoluto y lo utópico aplicado a una verdad incondicionalmente objetiva, que sólo el historiador académico puede trasmitir a la sociedad, eso sí de manera imperfecta porque sólo Dios conoce en último término la historia “tal como fue”. Una verdad histórica, laica y por lo tanto auténticamente científica, es siempre una verdad objetiva (pasado) condicionada por su sujeto cognoscente (presente) sobredeterminado a su vez por un contexto. Dicho lo cual es menester criticar con no menos energía a los que, radicalizando la subjetividad y el relativismo de la historia que escribimos, niegan cualquier objetividad en nuestras investigaciones históricas. Por hipercriticismo, ignorancia o falta de imaginación, hay quienes piensan, erróneamente, que la verdad histórica si no es objetivamente pura, irrefutable, es pura ficción, la simple proyección del presente sobre el pasado. Maniqueísmo destructivo que está siendo alentado desde los extremos del debate historiográfico, positivista y posmoderno en medios académicos angloamericanos: afortunadamente en el universo historigráfico latino y europeo las opciones son más realistas, ricas y complejas.

¿Cómo se construye o destruye al pasado? ¿Qué lugar tiene la interpretación?


El historiador construye el pasado conforme lo descubre, y viceversa. Tarea de conocimiento, difusión y actualización de la historia, en la que también intervienen, directa o indirectamente, los sujetos sociales y políticos de cada presente. La “destrucción” del pasado puede responder a diversas causas: historiográficas, como la “desaparición” del sujeto femenino durante la prolongada hegemonía del paradigma patriarcal; históricas, como la implantación más o menos consciente, en la España democrática, del “olvido” oficial de la II República, las victimas del franquismo y la oposición antifranquista. Es función del historiador ayudar con su obra a la rehabilitación de los actores de la historia, tomando en consideración que las fuentes y las historiografías dominantes han favorecido las “grandes figuras” por razones sociales, ideológicas, políticas o religiosas. En cuanto a la interpretación decir que sin una reflexión multifacética por parte del historiador, las investigaciones históricas difícilmente llegan a alcanzar una calidad mínima, sin que eso quiera decir que no sean útiles. El defecto contrario, interpretación sin datos, se da raramente entre los historiadores de oficio.
¿Puede la historia considerarse una ciencia?


Ya respondí a esta pregunta, que además me parece fundamental, no sobra volver a ello. La historia es una “ciencia con sujeto”, lo demás es “cientifismo”. Las ciencias de la naturaleza, empezando por la física, rebasaron a lo largo del siglo XX el paradigma newtoniano, mecanicista, objetivista, de la ciencia ­que denominamos positivista en el siglo XIX- pero no así la historia académica, necesitada de una actualización del concepto de ciencia, que en su doble definición objetiva / subjetiva nos reconcilia con lo que hacemos cuando investigamos. Para dicha puesta al día es menester un acercamiento epistemológico entre la historia y la historia de la ciencia, la fase pospositivista iniciada por Thomas S. Kuhn en 1962 lo hace posible.

¿La aplicación rigurosa del método científico puede subsanar el problema de la objetividad?
Depende de que se entienda por “método científico”. Normalmente entre los historiadores, y otros científicos sociales, se comprende por tal el método inductivo positivista o, en el mejor de los casos, el método hipotético-deductivo del neopositivismo, con lo que no resolvemos el “problema de la objetividad”, más bien lo agravamos, puesto que el positivismo, versión decimonónica de la “ciencia moderna” del siglo XVII, en su aplicación a las ciencias humanas y sociales, escindió el objeto del sujeto en la teoría y la práctica del conocimiento científico, cuestión de fondo que el neopositivismo no resuelve -tampoco lo pretende- concediendo mayor margen al investigador, pues repone el objeto en toda su majestad cuando ubica en la verificación empírica la fuente final de la verdad. Desde “La estructura de las revoluciones científicas” sabemos que la verdad científica se decide por consenso de la comunidad de especialistas. En resumen, el problema de la objetividad es que no existe al margen de la subjetividad, con lo estamos obligados a reformular esencialmente la antigua noción de “método científico”.

¿Cuál es el problema de las ideologías en la historia? ¿Cómo se evita sesgar?
No se evita, ni conviene hacerlo, la parcialidad forma parte de nuestras fuentes, investigaciones e interpretaciones históricas, a veces contradictorias de un historiador a otro, cuando el hecho analizado fue polémico en su tiempo, es motivo de discusión colectiva hoy, o ambas cosas. La objetividad histórica exige en estos casos la pluralidad de enfoques y interpretaciones, lo que permite al historiador en particular, o a un grupo de historiadores, asumir con mayor libertad y compromiso la investigación sin “temor” a ser tachados de parciales historiográficamente. Obviamente, cumpliendo siempre con el rigor intelectual y el apoyo documental que caracteriza a la historia académica como herencia (positiva) de la primera definición (positivista) de la historia como ciencia. La parcialidad más “temida” no es, con todo, tanto historiográfica como ideológica, ciertamente, por consiguiente, insistimos: sería caer en el autoengaño pensar que la ideología y los valores de los historiadores no influyen en su obra, que ha de ser valorada -de ahí la necesidad de la historiografía- junto con las creencias y prácticas de sus autores, factores de mentalidad y política a menudo coadyuvantes de los grandes descubrimientos historiográficos. Sin el nacionalismo ¿hubiera nacido el positivismo historiográfico? Sin el marxismo ¿hubieran entrado en la historia escrita las clases populares? Sin el feminismo y el ecologismo, ¿habríamos desarrollado la historia de las mujeres o la historia ecológica? Otras veces las ideologías destruyen o manipulan la historia y la historiografía, por supuesto, todas las ideologías son parte de la historia y de la historiografía, no vale científicamente esconder la cabeza bajo el ala, aunque también hay que dejar claro que debemos combatir simultáneamente el “todo vale” ideológico o historiográfico: la investigación histórica debe hacerse desde unos valores universales, el historiador precisa como otras profesiones de una ética académica y social de referencia, cuyo contenido evoluciona con la historia, naturalmente.

¿La historia es consensuada? Si es así, ¿cómo se evita mirar a la historia con un escepticismo feroz?
Ya lo dijimos, la escritura de la historia es un fenómeno colectivo con independencia del grado de conciencia que tenga sobre ello tal o cual historiador individual, incluso cuando la disciplina está tan fragmentada como ahora la comunidad historiográfica cumple una función validadota por acción u omisión. Las investigaciones empíricas o interpretaciones personales se transforman en consenso académico, y social, en la medida en que son reconocidas, y divulgadas, o bien silenciadas, ignoradas o criticadas, lo que suele pasar cuando se trata de verdaderas novedades. Este y no otro es el funcionamiento real de las comunidades académicas, vinculadas por mil cables invisibles con la sociedad, la mentalidad y la política de cada época y país. Para no caer en un “escepticismo feroz” sobre la historia, como dices, hay que abandonar en resumen cualquier confusión entre la inmaculada concepción y la escritura de la historia, usual campo de batalla entre diferentes maneras de entender la historia y el presente, entre las que debemos optar reivindicando la libertad de investigación al tiempo que la profesionalidad de nuestro trabajo.


¿Cómo se enseña la historia y quién está a cargo?
A cargo de la enseñanza de la historia están, en principio, los profesores de historia, si bien, como todos sabemos y sufrimos, el Estado interfiere con indicaciones y obligaciones sobre el contenido de la historia enseñada que pueden variar, para bien o para mal, según el partido que gobierne. En Uruguay incluso los políticos de oposición pretenden condicionar la enseñanza de la historia más reciente (véase el “caso Demasi” en el apartado de Academia Solidaria en http://www.h-debate.com)/. La “crisis” de la historia y otras ciencias sociales, incluyendo la pedagogía, sumada a la reactivación nacionalista de los viejos Estados-nación ante la globalización y las reivindicaciones identitarias internas, han facilitado retrocesos en la autonomía, la innovación y el compromiso de los profesores, hay que recuperar estos valores docentes e historiográficos animando nuevos paradigmas educativos e historiográficos en alianza con la universidad, con el objeto de hacer frente con éxito la vuelta al contenido tradicional de la historia enseñada en la escuela primaria y secundaria (biográfica, política, institucional, acontecimental), a una enseñanza memorística y autoritaria, etc., sin caer en el otro extremo: un constructivismo posmoderno que pretende anular la figura cardinal del profesor que enseña.

¿Qué ocurre a quienes crecen con la conciencia histórica distorsionada?
Bueno, la conciencia histórica está siempre “distorsionada”, sujeta a puntos de vista, ideologías e intereses, endógenos y exógenos, sea conciencia de grupo, etnia, clase o nación. Lo importante es enseñar y practicar un pensamiento crítico completo, es decir crítico y autocrítico, como parte de una investigación, enseñanza y difusión de la historia basada en valores de identidad, progreso y democracia, igualdad y justicia, paz y solidaridad. Defendiendo para ello de forma colectiva la libertad de cátedra y la autonomía de las instituciones educativas frente a quienquiera agredirlas.
Supongamos que un profesor explica la Revolución Industrial a alumnos de 14 años: muestra dos dibujos de época de un taller textil, y dan cuenta de dos historias radicalmente diferentes a partir de una misma cosa. A los chicos les queda la idea de que en la forma en uno cuente los hechos, se cuenta una historia u otro. Pero también da la idea de que se puede hacer cualquier historia según como se presente.


¿Qué opinión le merece?
Positiva, mi opinión es positiva. Enseñar a los alumnos diversos modos de indagar y aprender la historia es bueno, si lo que pretendemos es formar mentes libres que asuman su propio compromiso individual y colectivo. Otra cosa es proclamar de manera irresponsable que vale “cualquier historia”, si el relativismo extremo es malo científicamente, ¿qué se podría decir éticamente? No olvidemos que el posmodernismo, que ha tenido sus cosas buenas, ha sido pensado para sostener ideológicamente el establishment, porque si “todo vale” también valen la injusticia y otras desigualdades ¿Qué se puede hacer, entonces, para que el alumno aprenda dos ideas a la vez, pluralidad y compromiso, objetividad y subjetividad? Pues dar ejemplo como docentes mostrando que la dependencia de la historia respecto del sujeto no quiere decir que la historia sea mentira, más bien lo contrario,; enseñando a distinguir críticamente las diferentes interpretaciones o enfoques históricos desde una posición ético-científica, que el profesor puede y debe explicitar en la clase, sin que por ello tenga que estar de acuerdo el alumno con todo. El consenso y la diversidad existente entre los propios enseñantes benefician la formación plural del alumno como parte del mínimo común denominador en construcción.

¿Cómo se pudo haber pasado de una historia más centrada en las memorias de las clases dominantes a esta instancia en que hay historia de cualquier cosa?
Entre una cosa y la otra, también hubo -y hay- en Argentina una historia de las clases dominadas, ¿no? Sin embargo, es cierto que la “crisis” del marxismo, inseparable del desencanto político-ideológico de la generación “setentista”, impulsó la desmembración de la ciencia histórica y tuvo otros efectos nocivos. Pero ahora estamos en un momento histórico más propicio para retomar y reconstruir la idea de progreso, sin la cual la historia y otras ciencias sociales pierden su sentido, se abre paso pues un repunte historiográfico que ha de renovar la “vieja nueva historia” haciendo frente a los nuevos retos de la globalización. A diferencia de los años 70, la nueva historiografía adopta un talante menos sectario, más democrático y tolerante, y no por ello menos comprometido. Por ejemplo, no vale ya satanizar -o divinizar- tal o cual tema de investigación, “todo es historia”, la validación hay que desplazarla del tema al enfoque, los resultados y la finalidad científica y social de cada historia.
Humberto Eco opinó que Internet tiene un efecto negativo para la historia, porque publicar tantas cosas sin importancia hace perder de visto las cosa simportantes en que el futuro debería centrarse.


¿Qué opinión le merece esto?
Me producen tristeza las recientes declaraciones alemanas de Umberto Eco a la revista Cicero (algo parecido dijo ya, hace dos años, en Die Welt) contra Internet y a favor de una historia elitista y machista (dijo lo siguiente: “saber cuando murió Julio César es importante, mientras que la fecha de la muerte de su mujer no”). Estas opiniones reafirman nuestra convicción sobre la urgencia de un recambio generacional para que las redes digitales y otros nuevos paradigmas se impongan plenamente en la academia, y en otras esferas. Nos preguntamos si Eco ha buscado algo recientemente en Internet, porque el uso de elementos de inteligencia artificial hace que Google, y otros buscadores, te ofrecen en los 10 primeros resultados lo esencial de cualquier tema, si se sabe poner bien las palabras a buscar, claro está. El hecho de que Eco se siente “amenazado” por la revolución del conocimiento que supone Internet, históricamente superior en extensión, democracia y profundidad a la protagonizada por la imprenta y la alfabetización de masas, viene a señalar tanto la dificultad de las “grandes figuras” del pasado siglo a revalidar su papel en los nuevos formatos globales, como la relación diferente que está habiendo ya entre “líderes” y “masas”, por usar los viejos términos. Los “líderes” gracias a la sociedad de la información ya no son intocables, y lo serán todavía menos. Las “masas” son ahora más formadas y menos aborregadas, si es que algún día lo fueron tanto como dijo y quiso la élite. Esto que decimos lo puede comprobar el propio Eco si se molesta en verificar las miles y miles de respuestas casi unánimemente negativas que han provocado en Internet sus declaraciones alemanas. Si la difusión de esos disparates hubiera sido exclusivamente en papel, su merecido prestigio continuaría intacto.

¿Podrá darse la unificación del discurso histórico en temas como, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial?
No, y tampoco sería deseable. Así y todo, diferenciaría entre las historias oficiales con sus mitos contrapuestos sobre la II Guerra Mundial, vigentes actualmente en Estados Unidos, Japón, Rusia …, de las historias académicas siempre susceptibles de un tratamiento más serio, documentado, incluso revisionista, salvo que se trate de obras de encargo, por parte de una editorial o una institución, dirigidas a un mercado ideológicamente pre-determinado, entonces la parcialidad se impone claramente, ganando ­no siempre, todo hay que decirlo- en nivel historiográfico si comparamos con los habituales divulgadores aficionados.
¿Cuál sería el problema de esta disciplina que más urge solucionar?
Sin duda, la fragmentación rampante en temas, métodos y especialidades, en tiempos de globalización.